UNA LECCIÓN INOLVIDABLE

 

Antonio Sánchez García

 

            Venezuela es un país único, del que no sólo debemos estar orgullosos por sus extraordinarias riquezas naturales, sus insuperables parajes, sus hermosas mujeres, su cultura multiétnica, tolerante y desenfada. Sino por su insólita capacidad de aprendizaje, su coraje y su espíritu franco y libertario.

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            El acto de desobediencia civil de este pasado jueves es uno de los más importantes y significativos de cuantos ha organizado la oposición desde que naciera a la luz pública hace apenas un año. Es cierto: el paro del 10D fue definitorio y desveló el potencial gigantesco que se estaba anidando en las entrañas del país. También es cierto que la marcha del 23 de enero nos sorprendió a todos y debe haberle abierto los ojos al chavismo, que se preparaba a gobernar por los siglos de los siglos. La marcha del 11 de Abril rebasó todas las expectativas y obligó a desenmascarar la naturaleza vil y rufianesca de esta revolución mafiosa. Llaguno jamás será olvidado como el estigma de un régimen autocrático con pretensiones socialistas.

           

Pocos pueblos hubieran asimilado y metabolizado política y espiritualmente una canallada de tanta vileza y cobardía en tan poco tiempo como lo ha hecho el nuestro. Chávez, Rangel, Cabello, Lara, Bernal, Varela, Barreto, Maduro, Flores, Carreño, Chaderton,  Iván y Lucas Rincón, Rodríguez, Mundaraín y Russian – entre muchos otros que no olvidaremos- cargarán por el resto de sus vidas con el peso de la ignominia sobre sus conciencias. Serán por los días de los días los cómplices de una masacre que enlutó las mejores tradiciones de nuestra patria.

 

            Y muchos pensaron que con ese golpe brutal se le quebraba el espinazo para siempre a la oposición. Por eso Castro, desde La Habana, r ecomendó su implementación. Por eso puso a disposición de su aventajado discípulo a sus esbirros y francotiradores, a su aparato de seguridad que anida en Chuao travestido de personal diplomático. Ni Castro –ya habituado a un pueblo sumiso-, ni Chávez, pobre y delirante demagogo al que el destino puso donde jamás debió haberse ni siquiera acercado, imaginaron que el pueblo que enfrentaban poseía una riqueza espiritual, un coraje, una intuición y una inteligencia superiores. ¿O creen que el pueblo venezolano parió hace dos siglos la independencia americana de casualidad, mientras el de Cuba tardaba un siglo en aproximarse a una independencia que hasta hoy ha sido incapaz de construir?

 

            Venezuela está hoy tan viva como lo estuvo en todas sus grandes gestas, siempre a la altura de sus desafíos. Millones de mujeres y de hombres, de jóvenes y ancianos han obligado a que sus dirigentes políticos se unan, superen sus diferencias y busquen a fanosamente cómo estar a la altura de sus exigencias. El pasado jueves protagonista fueron las miles y miles de mujeres que fueron a Chuao a explicarle a Rangel, el áulico de la vergüenza, que a ellas nadie les dicta zonas de seguridad y que Chávez es nadie como para darle permiso al pueblo para que escoja el camino de la libertad.

           

Ante miles de manifestantes atentos y exigentes  hablaron todos los dirigentes de la Coordinadora Democrática. Pues la democracia no necesita de un Mesías delirante: necesita mujeres y hombres políticamente cultos. Desde Luis el motorizado hasta Carlos Fernández, presidente de Fedecámaras, Venezuela volvió a ser la de la grandeza y la esperanza.

           

            ¡Qué jueves 26 de septiembre!

            ¡Qué lección inolvidable

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