Palabras del General Néstor González González, desde la clandestinidad

Trascripción del forista CIUDADANO:

 

Iván Ballesteros: Un saludo a todos los oyentes de Plomo Parejo y a los amigos que visitan la página Color Esperanza. En esta oportunidad, y a través de este medio, quiero compartir con ustedes este mensaje que nos envió el General Néstor González González, y que por motivos ajenos a mi voluntad no se pudo transmitir en el programa que hice con Isa Dobles (el jueves 23 de junio de 2005)

González González: ¡Viva la República de Venezuela! ¡Viva el noble y valiente pueblo venezolano! ¡Viva la mujer venezolana!
Gracias por la oportunidad de dirigirme, desde la clandestinidad, en algún lugar de Venezuela, a los nobles y dignos ciudadanos de este hermoso país.
Honorables ciudadanos, la clandestinidad no es una cobardía, tampoco es para escondernos, es para garantizar que nuestra voz de protesta no sea apagada; que no nos quedaremos callados.
La clandestinidad es una forma de resistencia, una manifestación de desobediencia legítima, en defensa de los derechos y la dignidad de todos los ciudadanos. Y que no tenemos temor de enfrentarnos a un tirano que irrespeta y pisotea nuestra dignidad, cuando se nos humilla como les da la gana, se traiciona la patria, se entrega nuestro país al régimen de Fidel Castro.
Yo estoy aquí, en Venezuela, en mi país, en mi patria, porque es donde debo estar, como están todos los ciudadanos luchando por una misma causa.
Nadie tiene autoridad a negarme a mí, o a ningún ciudadano, el derecho a permanecer en su país.
No nos pueden negar el derecho y el deber de salir a la calle a reclamar lo que nos pertenece. No nos pueden negar el derecho a no dejarnos vejar y luchar por nuestra patria.
El régimen no tiene derecho, ni autoridad, para amenazarnos mediante el terrorismo de estado, terrorismo judicial, leyes manipuladas hechas a la medida de unos pocos dirigentes mediocres, con intenciones de esclavizarnos, con la intención de robar nuestras conciencias e iniciativas, y para hacernos desistir de nuestra lucha justa, para callarnos. Porque los ciudadanos honestos, con dignidad, con valor, con moral, principios y valores de este país, les somos incómodos y no les dejamos hacer lo que les da la gana, o con nuestra vida, el futuro y el futuro de nuestros hijos.
Cada esfuerzo suma, cada voluntad cuenta, todo apoyo es válido, donde quiera que estén y donde quiera que venga, porque tampoco podemos menospreciar a quienes desde el exterior también están dedicados a buscar una salida a la crisis en que vivimos.
Es necesario, entonces señores, demostrar que no tenemos miedo, es necesario demostrar lo antidemocrático y lo autoritario que es este régimen, es un deber de cada ciudadano. Ceder, callar, entregarnos y no exigir el respeto de nuestros derechos, es entregar y perder la república.
La única forma de demostrar la ilegalidad e ilegitimidad del régimen es mostrar nuestro descontento y defendiendo nuestra dignidad, permaneciendo en la calle, manifestando nuestro rechazo a la presencia en nuestro país de Fidel Castro, asesino de nuestros ciudadanos, dictador, esclavista y violador de los derechos humanos, y la presencia de sus agentes cubanos en nuestras instituciones, quienes diariamente nos reprimen y se prestan para cualquier cantidad de abusos de autoridad contra nuestros ciudadanos.
La calle es nuestro lugar para manifestar y denunciar las razones por las cuales no participaremos en el proceso electoral fraudulento que tiene preparado el régimen. La calle es el lugar para dignificar a quienes han entregado sus vidas en estos años de lucha. La calle es el lugar para liberarnos de la impotencia y de la angustia de creer que no estamos haciendo nada por nuestro país. De allí, de la calle, y de nuestra protesta masiva, saldrán las señales que tanto necesitan muchos otros venezolanos, y del mundo, para definitivamente terminar con esta pesadilla.
No podemos seguir pidiendo permiso para resistirnos a ser doblegados. No podemos tener miedo porque nos llamen escuálidos, golpistas. Es parte de la guerra sicológica que mantiene el régimen para aterrorizarnos. Tenemos un solo objetivo: recuperar nuestros derechos, la democracia y tener gobernantes dignos del respeto que merecemos cada uno de los venezolanos, cada uno de los ciudadanos. Por eso debemos unirnos, luchar en todos los terrenos por lo que realmente queremos.
El régimen chavista --arrodillado ante Fidel Castro-- y el régimen cubano no tienen escrúpulos ni consideración para hacer lo que sea necesario para mantenerse en el poder. Viola la Constitución, nos veja, nos empobrece, nos aterroriza, nos mata. Nosotros tampoco debemos tener -- ¡ni podemos tener!-- escrúpulos para hacernos respetar e impedir que se siga pisoteando nuestra dignidad.
Debemos unirnos y reaccionar para detener todo este abuso y locura, saliendo todos masivamente a la calle en el momento oportuno, dispuestos a hacernos respetar y recuperar nuestros derechos, aún con todas las trágicas consecuencias que tuviésemos que afrontar ante los obstáculos que tengamos que vencer. Nada pasa si no se provoca. De no hacerlo, señores, seremos esclavizados como el pueblo cubano, nuestros hijos serán adoctrinados ideológicamente, nuestra voluntad e iniciativa será anulada, nuestro derecho a protestar o a criticar desaparecido y nuestras propiedades confiscadas. La represión selectiva contra quienes denuncian la manipulación, la mentira y los procesos fraudulentos, será cada día más implacable, por supuesto para sembrar más miedo y terror en los ciudadanos, tal como está pasando en la actualidad.
El tiempo, ciudadanos de este hermoso país, es nuestro más temible enemigo. No dejemos de hacer hoy, con valor y alegría, lo que mañana será más difícil de hacer con terror y lágrimas.
Desde la clandestinidad, que ya es hacer algo, por la libertad, la vida y la felicidad de los ciudadanos. ¡Ceder nuestros derechos es perder la República!

¡Siempre, siempre, siempre! ¡Tres veces siempre! ¡Adelante, Dios los Bendiga y los guarde! ¡Que viva Venezuela!

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